14/1/10

No pienses.

Ella y sus ojos azules llenos de incomprensión, de ternura, de amor. Ella, un ser tan único que hubiese amado hasta al mismísimo demonio. Mi pequeño ángel, cuyo destino yo habría de cuidar. Obviamente, fallé. Por eso mismo, está a cientos de kilómetros de mis brazos. Seguramente ya ni recuerda mi rostro. Por mi culpa. Pero, Stop! No pienses en eso, es malo.

Y aquella de ojos avellana? La que velaba por mi felicidad, aunque para lograrlo deba crear una fantasía inimaginable… Yo la recuerdo, con su nariz áspera, su cabello corto, sus uñas sangrantes, su vitamina c en pastillas amarillas. Oh sí, sí… Yo la recuerdo a la perfección. Diez años, mierda, ¡Aún la extraño! Pero no! No pienses en eso, es malo.

Querida Flower, ¿Recuerdas a la señora dulce de piel arrugada? Hubiese dado su vida por una sonrisa tuya. Sí, sí, lo sé. Me adoraba. Recuerdo su sonrisa delineada al rojo carmesí, surcada por perfectas arrugas. Recuerdo su amor incondicional, que acaparaba desde el ser más indefenso al más vil… ¡Qué falta me hace sentirla conmigo! Tres años, pero… No pienses en eso, es malo.

Ahora bien, si no pienso en Menta, en Graciela ni en Elena, ¿Qué me queda? ¿Fingir una utopía inverosímil, como hacía Graciela? ¡Ya sé! Voy a ir por el mundo con una sonrisa PELOTUDA en la cara y voy a hacer como que nunca nada pasó… ¡Vamos, no sean hipócritas! ¡Si todo aquello que pienso es tan malo, debería tener la mente más podrida que el mismo Lucifer! Hay seres que si no viven de tu recuerdo, ya no viven más, como también hay recuerdos que si no reviven a los seres, morirán por siempre. Si el objetivo final es impedir que aquello que tanto amás, muera en el olvido, quizá lo mejor es pensar, pensar y pensar en ello… Y aunque te deprima, te arranque unas cuántas lágrimas o te desgarre el corazón el solo hecho de recordarlo, tendrás que hacerlo. Porque en definitiva, es bueno recordar.

Por eso, la próxima vez que me veas llorando por quien ya no está a mi lado, no me pidas que deje de pensar, no seas hipócrita. Tan sólo, sentate a mi lado, y esperá a que quiera sonreír otra vez, pero nunca jamás me obligues a ello… ¡No soy un muñeco!






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